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LA BOLSA DE PLÁSTICO SE REINVENTA PARA AFRONTAR UN FUTURO MÁS RESPETUOSO CON EL MEDIO

La eliminación de las bolsas de plásticos por una superficie comercial puso de actualidad un debate: se trata de una medida publicitaria y de ahorro de costes o tiene una utilidad ambiental cuantificable. Las primeras respuestas apuntan más a lo primero que a lo segundo: este tipo de establecimientos venden ahora más bolsas industriales para la basura y ponen en la calle otros productos de difícil reciclaje, al estar compuestas de varias materias primas que dificultan este proceso y no son garantía de reutilización.

Las opiniones a favor de la erradicación de las clásicas bolsas de la compra son cada vez más numerosas pero lo cierto es que también hay quienes defienden que no son uno de los residuos más peligrosos, sino que los riesgos medioambientales serán mayores con algunas de las alternativas que se presentan a sustituirlas. La solución parece clara, al menos en el corto plazo: reducción (que no eliminación) y adaptación del modelo para facilitar su reutilización y posterior reciclaje.

La bolsa de plástico es un residuo más, que se rige por la Ley de Envases y Residuos de Envases de 2004. Cada ciudadano consume una media de 238 bolsas plásticas al año, lo que significa alrededor de 140.000 toneladas de residuos de un producto derivado del petróleo, no biodegradable (tarda hasta más de 100 años en descomponerse) y que entraña un grave peligro para la fauna marina. En los ríos y en el mar resisten hasta cuatro siglos, y, de hecho, cerca de 10.000 animales como ballenas, focas y tortugas mueren cada año por la ingesta de plásticos que confunden con alimento. Por otra parte, su acumulación en los fondos marinos impide el crecimiento de la flora, lo que afecta en gran medida al equilibrio y biodiversidad del medio.

Es preciso tener en cuenta que durante la fabricación se consumen importantes cantidades de energía, ya que cada bolsa emite alrededor de cuatro gramos de CO2, contribuyendo al efecto invernadero y al cambio climático. Asimismo, se ha constatado que menos de la mitad de las bolsas plásticas que se consumen vuelven a ser reutilizadas y tan sólo un 10 por ciento se deposita en el contenedor para facilitar su reciclaje. En este sentido, habría que señalar que la disminución del peso – y consiguiente pérdida de resistencia - de las bolsas de plástico en los últimos tiempos (hasta un 75 por ciento), dificulta su nuevo uso, por ejemplo como bolsas para la basura, favoreciendo que viajen arrastradas por el viento a campos y bosques, donde pueden tardar siglos en desaparecer.

En Galicia la utilización de bolsas de plástico es un hecho cotidiano para la gran mayoría que, en muchos casos, terminan ensuciando calles y llegando a montes y ríos donde tardan tiempo en descomponerse. Un aspecto positivo, según un estudio realizado por TNS Demoscopia, es que el 63% de los gallegos reutiliza las bolsas plásticas de los comercios para introducir la basura. Este informe revela además que el 82% de los gallegos está “a favor” de la reducción del consumo de bolsas de un solo uso.

Las alternativas

Ante el riesgo de la desaparición de la comercialización de las bolsas de plástico, el sector muestra su preocupación frente a lo que podría suponer el final de muchas empresas. Según los datos facilitados por la Asociación Española de Industriales de Plásticos (ANAIP) a Galicia Ambiental, el sector de fabricación de bolsas de plástico, con una facturación anual de 210 millones de euros, engloba un total de 350 empresas ubicadas en todas las comunidades autónomas españolas y genera 11.000 empleos directos y 40.000 indirectos que podrían peligrar si siguiera adelante la intención de erradicar este tipo de productos.

Por este motivo, desde ANAIP ya están elaborando una alternativa a la bolsa de un solo uso que ya ha sido presentada y que se ha empezado a comercializar con el nombre de “Bolsa ECO”, basada en la consecución de las tres erres: reducción, reutilización y reciclaje.

La “Bolsa ECO” permite reducir el uso de bolsas al ser un 25% más grande que la bolsa de un solo uso y más resistente que ésta gracias a su mayor espesor. Además, facilita la reutilización ya que es reutilizable como mínimo 15 veces. La reducción en el uso y la reutilización pueden ayudar a disminuir su consumo hasta un 50%. En España se podrían dejar de consumir más de 6.000 millones de bolsas al año. Además, la nueva bolsa supone una apuesta por el reciclaje, ya que está fabricada en polietileno, material 100% reciclable, y utiliza un mínimo del 15% de material reciclado en su fabricación, a la vez que contribuye al reciclaje de residuos, ya que la bolsa paga el Punto Verde a ECOEMBES para gestionar su recogida y reciclaje.

La asociación de fabricantes resalta también que su producto cumple con la nueva norma de AENOR UNE 53.942/2009 para bolsas reutilizables de polietileno y que está fabricada en diferentes Comunidades Autónomas, frente a otras alternativas que en la actualidad es necesario importar con lo que, a su entender, se reducen las emisiones de CO2 en su transporte y se protege el tejido industrial nacional.

Los propios centros comerciales también han puesto a disposición de los consumidores otras opciones frente a la bolsa de un solo uso. Ante estas iniciativas, ANAIP asegura que muchos usuarios desconocen que la mayoría de productos propuestos como alternativas a la de un solo uso también son de plástico y que el modelo más extendido, el de rafia sintética, es mucho más difícil de reciclar porque está fabricado con rafia tejida, un material mucho más duro que afecta a la maquinaria utilizada en el proceso de reciclaje y que según un estudio de AIMPLAS (Instituto Tecnológico del Plástico), está compuesto por cinco materiales diferentes, por lo que el producto resultante del reciclaje es de muy baja calidad.

La patronal de los empresarios del plástico finaliza diciendo que son “conscientes de que las exigencias del PNIR (Plan Nacional Integrado de Residuos) imponen una reducción del 50% de la producción de bolsas de un solo uso”, por eso la industria innova y propone la “Bolsa ECO” frente a soluciones importadas, menos respetuosas con el medioambiente. Además, solicita la ayuda de las instituciones ya que considera que “es importante que entre todos concienciemos a los ciudadanos sobre la importancia de depositar la nueva “Bolsa ECO” en el contenedor amarillo con el objetivo de que puedan ser recicladas”.

Emilio Pazos, gerente de la empresa orensana Implanor, está ya trabajando en la fabricación de la “Bolsa ECO” ideada por ANAIP. En declaraciones a Galicia Ambiental afirma que “la bolsa de plástico tienen una prensa injusta” ya que su influencia en el medio ambiente es únicamente la producida durante el proceso de fabricación y asegura que, para ello, se consume muy poca energía y que apenas se generan gases contaminantes. “El consumo de energía necesario para la fabricación de una bolsa de plástico genera 4 gramos de CO2, mientras que una lata de refresco genera 1 kilo de dióxido de carbono y un litro de gasolina dos kilos y medio”, explica.

La “Bolsa ECO” es la alternativa que los productores han sacado al mercado para reivindicar que la bolsa de plástico de toda la vida puede seguir vigente en pleno siglo XXI. La empresa gallega, miembro de ANAIP, es una de las que ya está comercializando esta bolsa ecológica. Emilio Pazos, asegura que se trata de una bolsa normal, diseña siguiendo las normas UNE y en la que simplemente han variado su tamaño para que tenga mayor capacidad, hasta cuatro veces más que una normal, que se pueda reutilizar hasta 15 veces y que al final de su vida útil sirva como bolsa de basura o que pueda ser reciclada. Se trata, principalmente, de una alternativa que permita ahorrar unidades y, por lo tanto, que genere menos residuos y que se presente como alternativa a los productos que algunos centros comerciales están importando de China como las bolsa de rafia, que “son plásticos más técnicos, rígidos y trenzados que son más resistentes pero que no son aptas para uso alimenticio y tampoco son reciclables, se trata de alternativas más costosas y más contaminantes”, explica.

Esta empresa, instalada en la provincia de Orense, también está trabajando en la fabricación de otro tipo de bolsas como las elaboradas con fécula de patata, pero su gerente explica que “es un material costoso y de poca resistencia” además de que se trata de un producto elaborado a partir de una materia prima cara.

En cuanto a las medidas puestas en marcha por algunas cadenas de supermercados que cobran las bolsas u otras que no las ofrecen y las cobran cuando se las solicitan opina que no son medidas eficientes. El gerente de la compañía orensana apuesta por la fabricación de una “bolsa buena” que los consumidores puedan reutilizar cuando van a la compra y que las propias cadenas les abonen el precio de las bolsas que dejan de utilizar de esa manera. “Con eso salen ganado porque la gente se da cuenta de que las bolsas tienen un valor”. La finalidad, según Pazos, sería la de reducir unidades a partir de la concienciación y la educación de los usuarios desde los propios supermercados.

El futuro de las bolsas de plástico todavía es incierto y la polémica en torno al tema seguirá vigente durante mucho tiempo. Sin embargo, hay un punto de partida común entre sus detractores y partidarios y que será clave en la conservación del medio ambiente: la educación y concienciación ciudadana son dos pilares fundamentales para acabar o, como poco, minimizar la generación de este tipo de residuos.

 

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