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LA UNIÓN EUROPEA ABOGA POR EL USO SOSTENIBLE DE LOS BIOCARBURANTES

“Nuestro régimen de certificación es el más riguroso del mundo y garantizará que los biocarburantes cumplan las normas ambientales más estrictas”, ha declarado Günther Oettinger, comisario de Energía, quien hace unos días presentaba las dos comunicaciones y una decisión de la Comisión Europea que animan a industrias, gobiernos y ONGs a crear los certificados de sostenibilidad y el sistema de verificación de este tipo de carburantes.

El comisario europeo, convencido del potencial futuro de los biocarburantes como principal alternativa al petróleo, ha recalcado la necesidad de “velar por que sean también sostenibles”. Además, este régimen de certificación no sólo asegurará la sostenibilidad del sector en Europa sino que “también surtirá efectos positivos en otras regiones, al abarcar los biocarburantes importados”, ha señalado.

 

Esa misma rigurosidad, que está contenida en la directiva de energías renovables y que se refiere a la procedencia de la materia prima y a la reducción significativa de emisiones de gases de efecto invernadero, es la que la Comisión Europea (CE) exige a gobiernos, industrias y ONGs en los documentos aprobados, cuyo objeto es asistir a las empresas y a los Estados Miembros en la aplicación de dicha normativa. Las medidas aprobadas se centran tanto en los criterios de sostenibilidad de los biocarburantes como en lo que se debe hacer para cerciorarse de que se empleen únicamente.

 

En el apartado de las medidas aprobadas que hace referencia a la “protección de la naturaleza virgen” se deja claro que “la transformación de un bosque en plantación de aceite de palma infringiría los requisitos de sostenibilidad”. Se insiste, en general, en que “los biocarburantes no deben fabricarse con materias primas procedentes de bosques tropicales o zonas deforestadas recientemente, de turberas desecadas, de humedales ni de zonas ricas en biodiversidad, y se explican los procedimientos para evaluarlo.

 

Además, la CE vuelve a recordar que sólo se deben desarrollar los biocarburantes que “faciliten emisiones mucho menores de gases de efecto invernadero”, y que solo estos cuenten para alcanzar los objetivos nacionales de reducción. Y también vuelve a explicar que las reducciones están cifradas en un mínimo del 35% respecto a los combustibles fósiles, porcentaje que subirá al 50% en 2017 y hasta el 60% en 2018 en el caso de los biocarburantes de segunda generación.

 

La nueva normativa contempla también la inclusión de auditores independientes que comprueben la cadena de producción en su conjunto, desde el agricultor y los sistemas de procesamiento de la materia prima al suministrador de combustible que vende la gasolina o el gasóleo en las estaciones de servicio, pasando por los comerciantes. La comunicación de la CE fija las normas necesarias para que estas auditorías sean fidedignas e inmunes al fraude.

 

 

Los productores españoles trabajan ya para cumplir con la certificación. Desde la sección de Biocarburantes de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) se congratulan que la CE haya publicado finalmente estos documentos esenciales para la interpretación y aplicación de los requisitos de sostenibilidad de los biocarburantes incluidos en la directiva.

 

 

Los biocombustibles en Galicia

España es el país de la UE que más incrementó su capacidad para producir biodiésel durante 2009. En sólo cuatro años, el número de plantas se ha multiplicado por siete. En 2008 comenzaron los problemas por las importaciones, pero ya se habían acometido muchas de las inversiones previstas. Actualmente hay unas 53 plantas de biodiésel repartidas por territorio nacional, siete veces más que en 2005. Castilla-La Mancha es la comunidad que concentra el mayor número de instalaciones, 11, seguida de Andalucía (ocho) y Galicia (seis).

 

 

Según datos de APPA Biocarburantes, el año pasado la mitad de las 36 plantas abiertas en los últimos años estaban completamente paradas. Según sus cálculos, el ratio medio de producción sobre capacidad instalada se llegó a situar en el 9%, mientras que la importación de biodiésel subvencionado de Estados Unidos y otros países se ha hecho con el 71% del mercado español.

 

 

En Galicia la situación es similar y las plantas de la comunidad pasan de ser fabricantes a convertirse en almacenes de producto importado. Es el caso de las dos grandes plantas operativas en la zona de Ferrol, Entabán e Infinita Renovables, dos de los proyectos que más ayudas públicas recibieron y que en la actualidad están prácticamente paralizadas. El pinchazo de la burbuja de los biocombustibles se deja notar en Galicia y los productores intentan adaptar las plantas para almacenar las importaciones de producto terminado en vez de procesar ellos mismos la materia prima, es decir, los aceites de soja o de palma.

 

 

Hace a penas dos años, coincidiendo con la inauguración de una de estas plantas de producción, el entonces presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, afirmaba que “Ferrol y Galicia firmarán el liderazgo nacional en la producción de biocombustibles con el 43,6% de la fabricación prevista en el Plan de Energías Renovables”, con unas previsiones que alcanzaban las 700.000 toneladas de producción contando con la suma de todos los otros proyectos a poner en marcha en esa zona. Por esas mismas fechas, las multinacionales de los aceites vegetales, sobre todo de aquellas especializadas en el girasol y en la colza, sostenían que la comunidad contaba con más de 170.000 hectáreas idóneas para cultivos bioenergéticos, alabando la capacidad gallega para convertirse en líderes de producción de biocarburantes.

 

 

Sin embargo, el tiempo ha hecho que estas premoniciones no se cumplieran, situando al sector gallego de producción de carburantes ecológicos en una posición muy comprometida, aunque los fabricantes prefieren ser optimistas y mirar al futuro.

 

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