EnerxÃas
COMBUSTIBLES, ?BIO O AGRO?
Cambio clim?tico, preservaci?n del medio, reducci?n de emisi?n de gases a la atm?sfera? Son estos t?rminos con los que nos despertamos casi todos los d?as. Medios de comunicaci?n, asociaciones ecologistas, l?deres mundiales? los m?s variados sectores de la sociedad parecen ir al un?sono a la hora de lanzar este llamamiento de urgencia para salvar el planeta. Despu?s de siglos de despilfarro y explotaci?n de los materiales f?siles ?los tradicionales carb?n, petr?leo...?, los combustibles se apuntan tambi?n a la moda del factor bio.
La pol?mica surge al elevarse voces disonantes que enumeran una cadena sin fin llena de prejuicios. En primer lugar, se precisar?an plantaciones inmensas y parece que el planeta no dispone de los suficientes lugares para su aprovechamiento. Montones de hect?reas de tierra f?rtil dejar?an de dedicarse a cultivos para alimentos. El alza de los precios ser?a una realidad a certificar mismo en productos tan b?sicos como el ma?z, el arroz o las ca?as de az?car que s? son una verdadera fuente de energ?a ?en este caso alimentaria ? de gran parte de la poblaci?n mundial. La miseria econ?mica enseguida se traduce en desnutrici?n. El planeta es capaz de producir cada a?o alimentos suficientes para mantener a 12.000 millones de personas, el doble de la poblaci?n mundial, pero la gran paradoja es que m?s de 850 millones padecen hambre.
Los pa?ses desarrollados y sus sociedades, sumergidos en esta fiebre del bio e influidos por los mensajes de las grandes multinacionales de los aceites vegetales, marcan metas para la producci?n. En 2020 se mantiene el objetivo del 10% para el sector en todos los estados miembros. En esta l?nea, el suizo Jean Ziegler, relator especial de la ONU para el Derecho de la Alimentaci?n, se posiciona solicitando a los l?deres mundiales una moratoria de cinco a?os en su cultivo, al tiempo que la comunidad cient?fica estima necesario desarrollar t?cnicas que permitan obtener biocombustibles de productos no comestibles, como los cactus o los desechos agr?colas.
La realidad es que, por razones puramente comerciales, se viene promocionando el nombre biocarburantes, cuando se trata simplemente de agrocarburantes, es decir, combustibles obtenidos de un proceso industrial de transformaci?n de vegetales. Las consecuencias negativas de este sistema para la alimentaci?n mundial y para la continuidad de selvas como la del Amazonas hicieron que en 2007 saltase la alarma sobre la excesiva permisividad con este tipo de generaci?n energ?tica.
Europa comienza a recular
Ni biodi?sel ni bioetanol. La Directiva de Renovables propuesta la pasada semana por la Comisi?n Europea prohibir? elaborar cualquier combustible con materia prima que proceda de ?bosques v?rgenes, praderas o ?reas protegidas? y prohibir? ?convertir humedales y zonas de selvicultura en ?reas de producci?n? de biocombustibles. La comisi?n insiste adem?s en mantener el objetivo de que el 10% de los combustibles consumidos en 2020 sean biocarburantes (agrocarburantes y similares aparte).
El anuncio de la directiva viene a poner en su sitio la manipulaci?n interesada de las supuestas ventajas de este tipo de combustibles, anuncio denunciado mismo por departamentos de la propia administraci?n comunitaria. No en vano, recientemente las ONG Amigos de la Tierra y BirdLife Internacional filtraban p?blicamente la existencia del informe Biocombustibles en el contexto europeo, en el que se ponen en duda los principales valores de esta ?alternativa?. En este trabajo, el Centro Com?n de Investigaci?n de la Comisi?n Europea cuestiona aspectos supuestamente ventajosos como la reducci?n de los gases de efecto invernadero, la seguridad energ?tica o el an?lisis coste-beneficio.
El panorama en Galicia
Las multinacionales de los aceites vegetales, sobre todo de aquellas especializadas en el girasol y en la colza, sostienen que el pa?s cuenta con m?s de 170.000 hect?reas id?neas para cultivos bioenerg?ticos. Esto supondr?a dedicar una considerable superficie de tierra f?rtil de labranza a este tipo de producci?n, ya que la explotaci?n de monte comunal implicar?a un impacto medioambiental en t?rminos de erosi?n del suelo y sobremecanizaci?n.
Aunque en esta hip?tesis se dispone en el pa?s de 800.000 hect?reas de tierras de labor, por razones de estructura y dimensi?n, s?lo la mitad servir?a para este tipo de cultivos. De ponerse en pr?ctica esta alternativa, se producir?a un trasvase de los recursos financieros que antes se dedicaban a sectores agropecuarios punteros como la ganader?a, la agricultura o la viticultura en beneficio de estas nuevas formas de explotaci?n agr?cola. Adem?s, se correr?a el riesgo del encarecimiento del acceso a la tierra derivado de la demanda por captar subvenciones p?blicas y se incrementar?an tambi?n los costes de los inputs para la alimentaci?n animal (piensos, forrajes?) que en Galicia derivan en su mayor?a de la importaci?n.
La ?nica realidad tangible es la existencia de plantas (hasta media docena entre las que funcionan y las que est?n en v?as de ejecuci?n) capaces de producir agrocarburantes. Las modificaciones normativas y la entrada en un nuevo tiempo para los combustibles vegetales podr?an cambiar sensiblemente la filosof?a de trabajo, las fuentes de aprovisionamiento, el tipo de combustible; y as? obtener biocombustible o simplemente agrocarburante.
Biocombustibles de segunda generaci?n
Ante la evidencia de que los agrocombustibles, tal y como los concebimos en la actualidad, generan cada vez m?s dudas sobre su viabilidad e impacto ambiental, diversas investigaciones y proyectos tecnol?gicos est?n trabajando ya en nuevas materias primas y tecnolog?as capaces de contrarrestar los inconvenientes actuales. Se trata de los biocombustibles de segunda generaci?n. La diferencia fundamental radica en que estos deben basarse en materias primas no utilizadas en alimentaci?n y usando terrenos residuales, y por supuesto nunca en zonas de alto valor ecol?gico como las selvas y los bosques primarios. Las previsiones apuntan a que no estar?n disponibles antes de cuatro o cinco a?os.
Los ya conocidos como Carburantes 2G apostar?n por desarrollar los procesos productivos en los lugares en los que se realizan las plantaciones, al contrario de lo que acontece en el modelo actual que pasa por plantaciones extensivas en pa?ses subdesarrollados o en v?as de desarrollo para ser procesados en Europa o Am?rica, tras costosos y contaminantes transportes en barco y cami?n de la materia prima desde la plantaci?n a la f?brica.
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