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LA BIOMASA EN GALICIA NO CUMPLE LAS EXPECTATIVAS

El futuro del sector de la energía pone todas sus miras en las renovables: la energía eólica, la solar, el biogás o la biomasa son algunas de las esperanzas de futuro de un planeta que, cada vez más a menudo, comienza a sufrir las consecuencias del calentamiento global y de las emisiones contaminantes a la atmósfera. Las llamadas energías limpias permitirán mitigar estos efectos si, de una vez por todas, sociedad y administraciones son capaces de plantear fórmulas para que las renovables despeguen al fin.

En Galicia, el panorama no es diferente. En una comunidad donde las emisiones de CO2 a la atmósfera sobrepasan con creces los límites recomendables, las energías renovables también se están haciendo un hueco en el mercado. El viento, como uno de los principales potenciales naturales en este sector, colocó a Galicia hasta hace poco como la primera potencia eólica de España.

Otra de las grandes bazas de la comunidad gallega en este ámbito es la amplia masa forestal que cubre buena parte de la superficie de Galicia. El aprovechamiento de los montes y bosques como fuente de energía supone para Galicia una oportunidad de mercado en el que, si se jugasen bien todas las bazas, la región tendría mucho que decir. De momento, las empresas gallegas del sector de la biomasa son más bien escasas y el aprovechamiento de los recursos todavía no es todo lo rentable que debería.

Desde la administración autonómica ya se ha puesto en marcha alguna iniciativa de este tipo para fomentar el uso de calderas y estufas de biomasa en los hogares gallegos. Desde el Instituto Energético de Galicia (Inega), ya tienen en funcionamiento ayudas destinadas a este fin para apoyar la implantación de energías renovables que representen una mayor eficiencia energética. El propio director del ente, Eliseo Diéguez, afirma que desde el Inega “estamos realizando un firme apoyo a la implantación de calderas y estufas de biomasa, tanto en el sector doméstico como en el agroganadero e industrial, que anualmente se ve avalado por la disposición de una importante partida presupuestaria en la convocatoria de ayudas a fondo perdido para la ejecución de proyectos de generación térmica que utilice biomasa como combustible”.

Biomasa forestal primaria

Biomasa es un término genérico que hace referencia a la cantidad de materia viva producida por plantas, animales, hongos o bacterias, en un área determinada. Se suele utilizar para hacer referencia al combustible energético que se obtiene directa o indirectamente de estos recursos biológicos. Además, hay otra característica que diferencia a la biomasa de otros recursos energéticos, y es el hecho de que es un recurso potencialmente renovable. El carbón, el gas, el petróleo y otros combustibles fósiles, no se consideran biomasa, aunque deriven de material vivo. El tiempo necesario para la formación de estos combustibles hacen que no sean considerados renovables.

De entre todos los materiales que pueden ser utilizados para el suministro de energía, los productos leñosos son los combustibles más utilizados en el mundo. La FAO define la energía procedente de la biomasa forestal como “toda la energía obtenida a partir de biocombustibles sólidos, líquidos y gaseosos primarios y secundarios derivados de los bosques, árboles y otra vegetación existente en terrenos forestales”.

La biomasa forestal primaria de uso energético es la fracción biodegradable de los productos y residuos generados en los montes y que son procesados con fines energéticos. Estaría formada por los materiales vegetales procedentes de cuidados selvícolas, como son las podas, selección de brotes, cortas de aclareo, cortas fitosanitarias y desbroces; residuos de aprovechamientos madereros, sean procedentes de cortas finales o de cortas intermedias, leñas procedentes de trasmochos y material vegetal procedente de cultivos energéticos, leñosos o herbáceos. La biomasa forestal primaria está formada por productos selvícolas con valor de mercado que, hasta ahora, han sido poco utilizados con finalidades energéticas y por residuos o desechos provenientes de operaciones forestales que tienen otra finalidad principal.

En este ámbito, Galicia cuenta con un gran potencial que es la materia prima pero falta madurar la forma de gestionarla para hacer de ello un negocio. Las grandes áreas de monte gallego son un importante recurso que pueden convertir a Galicia en una potencia en el sector de la biomasa pero, para ello, es necesario comenzar a ver el monte con otros ojos.

El biocombustible obtenido de la madera se transforma antes de ser entregado al consumidor. La producción de calor doméstico es el uso más extendido de los biocombustibles. La madera tiene que ser troceada antes de ser introducida en las calderas y, según el tamaño y forma de los trozos resultantes, toma un nombre u otro.

La leña suele trocearse antes de su distribución al consumidor para facilitar el trabajo de las calderas, dependiendo del tamaño y forma de los trozos de madera, estos se conocerán como astillas o pellet. En ambos casos no se realiza ninguna transformación importante. Los pellet son óvulos fabricados a partir de astillas de madera y serrín. Tienen forma cilíndrica, miden entre 1 y 2 cm. de largo y unos 6 mm. de diámetro. Su forma homogénea y su alta densidad energética presentan muchas ventajas: mejor combustión, estufas y calderas pueden autoalimentarse y funcionar de forma más autónoma, menos espacio para su almacenamiento, facilidades para su transporte y comercialización, etc.

El sector de la biomasa en Galicia

Ecowarm Galicia es una de las pocas compañías gallegas que tiene en el aprovechamiento de los restos vegetales de montes y bosques su actividad principal. Es una empresa dedicada a la producción de pellet, combustible para calderas de biomasa que suponen una fuente de energía alternativa y más respetuosa con el medio ambiente.

Para Francisco Javier Álvarez, director de la empresa, este es un “mercado muy verde e incipiente” en la comunidad gallega, en el que aún falta mucho recorrido para alcanzar a otras comunidades “y no hablemos del resto de Europa”, apostilla Álvarez en relación a la ventaja que otras comunidades autónomas y países europeos nos llevan a los gallegos en este sector industrial. Sin embargo, y pese a ese retraso, el sector se está duplicando año a año gracias al auge que está experimentando en la instalación de calderas y estufas de biomasa.

Por el momento, en Galicia no existen más de media decena de empresas productoras de pellet. A nivel español, en el año 2008 se constituía la Asociación de Productores de Pellets de Madera del Estado Español (Apropellets), que en la actualidad cuenta con 12 socios y de la que Ecowarm es socio fundador, que nacía con el objetivo de “dar garantía de suministro, de calidad de producto, trazabilidad de la materia prima y, en definitiva, hacer buenos productos con las buenas biomasas que tenemos en cada territorio”, según afirmaba recientemente su presidente, Carles Vilaseca. Desde la propia asociación explican que el perfil de las empresas del sector corresponde al de una pyme con un ámbito de conocimiento y de acción territorial. “Es preciso conocer al detalle la madera de tu entorno y las redes de suministro y comercialización han de ser de confianza. A esto sólo pueden dar respuesta las pymes; las grandes empresas aquí no tienen lugar”, aseguran.

Desde el sector reclaman mayor implicación pública para dar a conocer las posibilidades que la biomasa representa. La comunicación es lo que falla ya que “la estructura está preparada: tanto productores de combustible como de equipos para todo tipo de necesidad térmica cuyo combustible sea biomasa. Sólo faltan las herramientas públicas para que todo esto desplace a gasoil, propanos y carbón”, indican desde Apropellets, donde aseguran que las empresas de sus asociados están trabajando actualmente a un 25 o 30% de su capacidad.

En Galicia, el panorama no es muy diferente. Hace cuatro o cinco años, cuando se comenzó a hablar de la biomasa como una de las energías renovables del futuro, nuestra comunidad se presentaba como una de las futuras potencias del sector debido a las enormes posibilidades que suponían la gran abundancia de materia prima. En ese momento incluso se puso en marcha un ambicioso proyecto empresarial subvencionado por la propia administración que finalmente no cumplió sus expectativas. Por lo tanto, el tiempo ha hecho que estas previsiones no se cumplan y que el sector gallego de la biomasa esté a la zaga a nivel estatal y europeo. Francisco Javier Álvarez, en declaraciones a Galicia Ambiental, corrobora esta situación. Para él, el problema es que “tenemos el recurso pero no sabemos como gestionarlo, empezando por la estructura de propiedad del monte gallego y siguiendo por nuestra orografía, que hace inviable a día de hoy trabajar con el coste tan elevado que tiene la biomasa forestal primaria”.

Álvarez continúa enumerando las dificultades que el sector de la biomasa tiene en Galicia, a parte de la falta de gestión. Principalmente, la disponibilidad de materia prima de calidad, a precios competitivos y estables es uno de los problemas más importantes del avance de la biomasa en la comunidad gallega. A ello hay que sumar también la logística de distribución, tanto de materias primas como de producto terminado, “que tiene que crecer y llegar a todos los puntos de la comunidad”, afirma.

Pero no todo son desventajas, aunque la biomasa gallega aún tiene mucho camino que recorrer para llegar a convertirse en una actividad empresarial puntera, para este empresario la parte positiva es que aquí ya contamos “con una cultura de aprovechamiento de la biomasa (aunque ensombrecida detrás de este término) que ya se hacía ancestralmente para las camas de animales, limpiezas de montes o acopio de leña para calefacción”. Somos dueños de los recursos que, en nuestro caso, alberga una mayor productividad que en otras zonas o latitudes, sólo nos falta saber explotarlo.

En este sentido, el director de Ecowarm desvela cuáles son para el las claves que en el futuro deberían de desarrollarse para que la biomasa gallega llegase a convertirse en un referente. Dar a conocer las posibilidades de la biomasa como una alternativa de calefacción o potenciar la logística de distribución, ya que en la actualidad este producto se exporta principalmente a Francia, Inglaterra, Italia e incluso Portugal, aunque “a medida que se instalan calderas en nuestra comunidad, se va convirtiendo en un mercado territorial”.

Además, Álvarez hace hincapié en la necesidad de “vender” el concepto de biomasa como un combustible “local, libre de las oscilaciones de mercados internacionales y, por supuesto, renovable”. Al mismo tiempo, señala esta actividad como una forma de “frenar la despoblación del rural gallego” y de “fijar ingresos en nuestro monte”.

Aunque las ventajas y beneficios de la biomasa son numerosos, la falta de planificación y gestión para el aprovechamiento de los recursos forestales de Galicia hacen que el sector no acabe de despegar. La información y comunicación sobre esta energía, apoyada en acciones desarrolladas desde las empresas en conjunto con las administraciones, serían un buen punto de partida para colocar a la biomasa en un lugar importante en el sector de las energías renovables.


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