Auga
LAS AGUAS INTERIORES, LA GRAN ASIGNATURA MEDIOAMBIENTAL PENDIENTE EN GALICIA
Después de décadas de adelantos en materia medioambiental todavía quedan temas pendientes y de una gran relevancia que, lejos de solucionarse, parece que cada vez se van agravando más debido la falta de compromiso de toda la sociedad y a los problemas que se vienen arrastrando del pasado. La calidad de las aguas interiores de Galicia es, quizás, el más importante de estos asuntos; una asignatura pendiente que debería de tener solución en un espacio de tiempo no muy amplio.
Tanto la Administración como las empresas y la propia población deberían de tomar conciencia de la importancia de nuestros ríos, embalses y lagos que, finalmente, vienen a dar a nuestras rías y a nuestras costas con el consiguiente efecto sobre la flora y la fauna de estos espacios ambientales y, en general, del ecosistema gallego.
La irresponsabilidad de constructores, con el beneplácito de administraciones locales, la inoperatividad de las depuradoras de los núcleos poblacionales, así como el incumplimiento por parte de numerosas empresas de la legislación vigente en materia de vertidos son algunos de los problemas más graves con los que nos encontramos en este ámbito.
Un viejo problema
Según un estudio realizado por Greenpeace en el año 2005 para comprobar la calidad de las aguas tanto superficiales como subterráneas en España, sólo el 11% de las primeras y el 16% de las segundas cumplían las condiciones necesarias para su utilización tanto en consumo humano como en agricultura.
La situación en Galicia no es mucho más halagüeña. En el mismo año en que se fecha el estudio citado anteriormente, la Xunta de Galicia reconocía que tan sólo el 22,6% de sus masas de agua superficiales podrían cumplir los objetivos marcados en esta materia por la Unión Europea en el año 2015.
El mayor problema que se presenta en nuestra comunidad con respecto a la calidad de las aguas son los vertidos directos de aguas residuales de las poblaciones a los ríos, embalses y rías. La solución pasaría por la prevención y eliminación en origen de la contaminación por medio de depuradoras y su correcto funcionamiento y mantenimiento. Este es el origen de muchas de las situaciones que se están dando en numerosos puntos de la geografía gallega.
Las primeras depuradoras que se instalaron en los núcleos poblacionales gallegos hace ya varias décadas fueron una solución momentánea a la contaminación que llegaba a los cauces gallegos. Pero el problema surgió por la falta de previsión con que se actuó en aquellos primeros momentos. Aunque la medida fue la adecuada para la población existente cuando las depuradoras se pusieron a funcionar en diferentes pueblos y ciudades, con el paso del tiempo, éstas se fueron quedando pequeñas y, lejos de solucionar el problema de vertidos de aguas residuales y fecales, no hacen más que agravarlo.
La falta de previsión hizo que, a medida que los núcleos urbanos ganaban mayor población, las depuradoras se viesen saturadas y no diesen abasto tanto con la red de aguas residuales como pluviales que llegaban a sus instalaciones, viéndose desbordadas y agravando en gran parte el problema existente con la contaminación de las aguas interiores de Galicia.
Pero este no es el único inconveniente. El reiterado incumplimiento por parte de las industrias en materia de vertidos es una evidencia para todos. Un gran número de empresas no tienen en cuenta el daño medioambiental causado en muchos casos por negligencias y falta de compromiso por parte de sus directivos, a menudo encubiertos por la propia Administración que hace la vista gorda y no ejerce sus funciones de control, vigilancia y sanción impuesta por la ley existente en esta materia.
La Directiva Marco del Agua
En España, los órganos oficiales competentes en materia de aguas continentales son las Confederaciones Hidrográficas (CCHH) que se ocupan de las cuencas hidrográficas. Pero en el caso de Galicia las competencias corresponden a la Xunta de Galicia, puesto que en los casos en los que las cuencas discurren íntegramente en el territorio de la Comunidad Autónoma éstas pasan a ser competencia de la administración autonómica correspondiente.
La legislación vigente por la que se rige la gestión de las aguas en España es la Ley 29/1985 de Aguas y el Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio, que aprueba el texto refundido de la Ley de Aguas. Dentro de esta Ley se integra la Directiva Marco del Agua (DMA), adaptada a la legislación estatal. Galicia cuenta además con sus propias leyes en este ámbito; la Ley Reguladora de la Administración Hidráulica de Galicia y el Decreto 27/1996, relativo al canon de saneamiento.
La Directiva Marco del Agua (DMA) es una directiva publicada en el año 2000 por la Unión Europea que recoge toda la legislación existente en Europa sobre los usos del agua para conservar el patrimonio hídrico de los países de la UE. En España, la Directiva Marco del Agua (DMA) se traspone al sistema legislativo estatal el 31 de diciembre de 2003 mediante la Ley 62/2003, de 30 de diciembre, sobre medidas fiscales, administrativas y del orden social.
La DMA contempla como uno de sus principales objetivos el de recuperar la calidad de las aguas continentales, dejando de lado la política de infraestructuras hidráulicas desarrollada hasta ahora en la mayoría de países miembros de la UE y que no ha dado solución a los problemas existentes en este ámbito. Esta directiva pretende, por lo tanto, adoptar una visión más global desde el punto de vista medioambiental para permitir así la adecuada protección de los recursos hídricos existentes.
Las zonas más afectadas
En Galicia son numerosas las zonas en las que se dan casos de vertidos a ríos y rías, así como embalses y lagunas. A lo largo y ancho de toda la geografía gallega son pocos, o casi ninguno, los cauces que se libran de recibir en sus aguas los vertidos residuales de particulares y empresas.
Desde A Guarda a Ribadeo, pasando por cada una de nuestras rías, al igual que las poblaciones más pequeñas, la costa gallega sufre continuamente estos ataques medioambientales. Hacia el interior el panorama no es diferente; el río Umia, el Ulla, el embalse de Cecebre, el río Lagares, el Eume, el Lérez o el Tambre forman parte de una larga lista que, lejos de disminuir, cada vez se hace mayor.
La ría de O Burgo es quizás uno de los ejemplos más extremos y claros de lo que está ocurriendo en la comunidad. Continuamente el estuario coruñés es escenario de numerosas denuncias de vertidos a sus aguas. Un alto porcentaje de las aguas fecales de A Coruña, Cambre, Culleredo y Oleiros van a parar a O Burgo, donde se unen a los residuos que las fábricas de la zona vierten, en muchas ocasiones, directamente al mar. La inoperatividad de las depuradoras municipales debido al gran desarrollo urbano de la zona es uno de los principales problemas. La delictiva actitud de muchos constructores que conectan a las redes de pluviales las canalizaciones de aguas sucias son una constante. Pero no son menos graves los casos de empresas, como el de la fábrica de aceites Bunge, que con autorización o no de las administraciones pertinentes vierten a diario a la ría miles de litros de aguas industriales y fecales.
Este problema afecta directamente a la actividad marisquera de la zona, puesto que desde hace meses está prohibido el desarrollo de esta actividad en la ría por la alta contaminación que soporta, siendo el colectivo de mariscadores el más afectado por la situación. La solución del problema puede verse favorecido por la construcción de la depuradora de Bens, que tendrá mayor capacidad para tratar los residuos de la ciudad y aliviar un poco la situación en la zona pero, a pesar de eso, el problema sigue siendo de una gran relevancia. De nada servirá depurar sin no se pone fin a los vertidos ilegales, industriales o particulares, que cada día se producen a la ría.
Otro de los ejemplos claros de contaminación y vertidos a las aguas se da en la villa lucense de Foz, donde se vierten aguas residuales directamente a la ría, provenientes de la depuradora municipal, y donde se localizan puntos de vertidos al lado de uno de los arenales más hermosos de la zona; la playa de a Rapadoira.
Como en los demás casos, la inoperatividad de la estación, que fue construida hace muy pocos años para una población tres veces inferior a la que ya registra el pueblo en la actualidad, provoca que se viertan aguas fecales y demás residuos directamente al mar. Este es el principal problema de contaminación registrado en la zona que representa un grave peligro para la salud de los vecinos y los visitantes focenses, como aseguran algunas asociaciones ecologistas. Además, la contaminación representa también una fuerte amenaza para la flora y la fauna marina de la zona.
Según la administración local, la solución al problema pasaría por la construcción de una nueva estación depuradora que tenga la capacidad suficiente para hacer frente a la población actual, aunque aseguran que los vertidos efectuados a la ría son aguas pre-tratadas en la depuradora que no suponen ningún peligro. Medias verdades que no ocultan una irresponsabilidad de primer orden de una administración local que ha fomentado un crecimiento urbano espectacular, pero con los mismos servicios de hace décadas.
Como estos ejemplos existen muchos más en toda Galicia. La solución del problema parece que todavía está lejos ya que las autoridades pertinentes, en lugar de buscar iniciativas que prevengan esta contaminación y aplicar medidas correctoras, dedican su tiempo a reprochar lo mal que lo hicieron los anteriores y a inversiones más productivas electoralmente.
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